El año de la Revolución Francesa es 1789. Ésta Revolución fue, con gran diferencia, el más importante movimiento de toda la época revolucionaria. Sustituyó el “antiguo régimen” por la “sociedad moderna”.

 

La Revolución Francesa, a diferencia de las revoluciones rusa o china del siglo XX, se produjo en el que en muchos sentidos constituía el país más avanzado de aquel tiempo. Francia era el centro del movimiento intelectual de la Ilustración. La ciencia francesa dirigía entonces el mundo. Los libros franceses se leían en todas partes. Francia era también potencialmente antes de 1789 y realmente después de 1793, el país más poderoso de Europa. Con una población de unos 24.000.000 de habitantes, los franceses eran el pueblo más numeroso de todos los pueblos europeos bajo un solo gobierno. Las exportaciones francesas a Europa eran superiores a las de Gran Bretaña. Se dice que la mitad de las monedas de oro que circulaban por Europa eran francesas.

 

Antecedentes

El Antiguo Régimen: los tres estados. El Primer Estado era el clero, el Segundo era la nobleza y el Tercer Estado incluía a todos los demás (desde las más ricas clases de los hombres de negocios y de los profesionales hasta los más pobres campesinos y obreros). Estas categorías eran importantes en el sentido de que los derechos legales del individuo y el prestigio personal dependían de la categoría a que se perteneciese.

Por otro lado, la Iglesia de Francia cobraba un diezmo por todos los productos agrícolas, se hallaba profundamente implicada en el sistema social predominante, poseía entre el 5 y el 10 por 100 de la tierra del país, lo que significaba que, colectivamente, la iglesia era el mayor de todos los terratenientes. Además, los ingresos procedentes de las propiedades de la iglesia, como todos los ingresos, se repartían muy desigualmente, y una gran parte de ellos iba a parar a manos de los aristócratas que ocupaban los más elevados cargos eclesiásticos.

Otro problema era que los nobles estaban exentos, por principio, del más importante impuesto directo “la taille”. El burgués miraba al noble con resentimiento, por su superioridad y por su arrogancia. Lo que antes había sido un respeto habitual, se sentía ahora como una humillación. Y consideraban que estaban siendo excluidos de cargos y honores y que los nobles, como clase, trataban de alcanzar más poder en el gobierno. La Revolución fue el choque de dos fuerzas que se desplazaban, una aristocracia descendente y una burguesía ascendente.

El pueblo común, por debajo de las familias de comerciantes y de profesionales del Tercer Estado, se encontraban probablemente en la misma situación que en la mayoría de los países. En cambio, Francia era un país de pequeños granjeros. No había una gran agricultura, como en Inglaterra, en la Europa Oriental o en las plantaciones de América. El señor del feudo no desempeñaba una función económica. Vivía, no de administrar una hacienda y de vender sus propias cosechas y su ganado, sino de la recaudación de innumerables tributos, foros e impuestos.

La Revolución se precipitó a causa de un colapso financiero del gobierno. El gobierno francés, al igual que otros, estaba sobrecargado de gastos de guerra y el sostenimiento de su ejercito. Los impuestos y otros ingresos no cubrían los gastos necesarios. Esto, no se debía a la pobreza nacional, sino a las exenciones y a las evasiones de impuestos de los elementos privilegiados. El impuesto más importante, la taille, sólo era pagado, en general, por los campesinos. Las clases sociales altas se resistían a pagar impuestos por considerarlos como signos de una posición inferior.

 

La Revolución.

Entre otras personas, Luis XIV fue partidario de imponer tributos a las clases privilegiadas. Calonne, director financiero de Luis XVI, propuso un impuesto general para todos los terratenientes sin excepción, así como la confiscación de algunas propiedades de la iglesia. En 1787 convocó una asamblea de notables, con la esperanza de ganar el apoyo de éstos para sus ideas. Los nobles pidieron concesiones a cambio como tener el control del gobierno. Se produjo un punto muerto y el rey destituyó a Calonne y nombró como sucesor al arzobispo de Toulouse. Éste siguió con el mismo programa que Calonne, y el parlamento lo rechazó, declarando que solamente los tres estados del reino, reunidos en Estados Generales, tenían autoridad para permitir nuevos impuestos. Aunque al principio Luis XVI se negó, el 5 de julio de 1788, prometió convocar los Estados Generales para el mes de mayo de 1789.

Los Estados Generales llevaban sin convocarse más de siglo y medio. La última vez que se reunieron fué en 1614 y votaron en tres órdenes diferentes. Cada cámara que se reunía independientemente vobaba como unidad. Por tanto, el Tercer Estado siempre salía perjudicado.

Fue la nobleza quien verdaderamente inició la Revolución, ya que, iban frente al absolutismo del rey. Su objetivo fue reunir los Estados Generales, para que Francia fuese gobernada en el futuro por los Estados Generales. Los representantes del Tercer Estado querían, precisamente, evitar esto. No querían ser gobernados por la nobleza y la aristocracia. Sus esperanzas estaban en la creación de una nueva era, formadas por la filosofía de la ilustración, estimuladas por la revolución en América.

El Abbé Sieyés, en enero de 1789, lanzó su famoso folleto, ¿Qué es el Tercer Estado?, declarando que la nobleza era una casta inútil, que podía ser abolida sin inconveniente alguno, que el Tercer Estado era el único elemento necesario de la sociedad. A través de Sieyés, las ideas del Contrato social de Rousseau penetraron en el pensamiento de la Revolución.

Los Estados Generales se reunieron en mayo de 1789 en Versalles. El Tercer Estado, cuyos representantes eran mayoritariamente juristas, insistió en que los diputados de los tres órdenes debían reunirse como una sola cámara y votar como individuos; este procedimiento supondría una ventaja para el Tercer Estado, porque el rey le había concedido tantos diputados como a los otros dos órdenes juntos. Durante seis semanas se mantuvo un punto muerto. El día 13 de junio, unos pocos sacerdotes, abandonaron la cámara del Primer Estado, cruzaron y se sentaron con el Tercero. El 17 de junio, el Tercer Estado se declaró “Asamblea Nacional”. Luis XVI, bajo la presión de los nobles, cerró la sala de sesiones. Los miembros se fueron a una sala vecina donde se jugaba a la pelota donde se pronunciaron y firmaron el Juramento del Juego de Pelota, el 20 de junio de 1789.

 

Al final Luis XVI se alió con los nobles, y el Tercer Estado temía a los nobles más que nunca, pues creía, con razón, que los nobles tenían ahora al rey en sus manos.

El año de 1789 fue un año de depresión. Los jornales cayeron y el desempleo se extendió, y la escasez hizo subir los precios de los artículos de alimentación. La revuelta obrera estalló en abril, un gran motin de trabajadores devastó una fábrica de papeles de decoración en París. Los campesinos se negaban a pagar más tributos señoriales y otros impuestos. El desempleo y la indigencia se iba extendiendo por todo el país. Las ciudades tenían miedo de verse saqueadas por mendigos y malhechores.

Los parisienses estaban alarmados también por la concentración de tropas en torno a Versalles. Y empezaron a armarse para su propia defensa. Todas las clases del Tercer Estado lo hicieron. El día 14 de julio se dirigieron hacia la Bastilla, una fortaleza construida en la Edad Media para intimidar a la ciudad. El populacho asaltó la fortaleza e indujo al gobernador a que se rindiese. La muchedumbre, indignada por la muerte de 98 de sus miembros, entró y dió muerte a seis soldados. El gobernador fue muerto también, mientras era conducido al Ayuntamiento. El alcalde de París corrió la misma suerte. Sus cabezas fueron cortadas con cuchillos, clavadas en unas picas y paseadas por la ciudad.

La toma de la Bastilla vino a salvar la Asamblea de Versalles. El rey, que no sabía que hacer, aceptó la nueva situación de París. El rey despidió a su tropa y creó una guardia burguesa o nacional para mantener el orden. El marqués de Lafayette recibió el mando de la guardia de París. Como insigna, combinó los colores de la ciudad de París, rojo y azul, con el blanco de la casa de Borbón. El emblema tricolor francés de la Revolución surgió, pues, de una fusión entre lo antiguo y lo nuevo.

 

Las reformas de la Asamblea Nacional.

La Asamblea de Versalles sólo podía restablecer el orden satisfaciendo las demandas de los campesinos. La eliminación de todos los impuestos señoriales privaría a la aristocracia terrateniente de una gran parte de sus ingresos. Así, los diezmos fueron abolidos. El feudalismo quedó abolido. Se publicó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

La Declaración de 1789 pretendía afirmar los principios del nuevo estado, que eran, esencialmente, el dominio de la ley, la ciudadanía individual igual  y la colectiva soberanía del pueblo. La libertad se definía como el poder de hacer todo lo que no perjudique a otro, lo que, a su vez, había de ser determinado sólo por la ley. La ley debía ser igual para todos. La ley era la expresión de la voluntad general, y había de ser elaborada por todos los ciudadanos o por sus representantes.

El 4 de octubre una multitud de verduleras y de militantes revolucionarios, seguidos por la guardia nacional de París, emprendieron el camino de París a Versalles. Asediando e invadiendo el castillo, obligaron a Luis XVI a trasladar su residencia a París, donde podía ser vigilado. La Asamblea Nacional se trasladó también a París.

Los revolucionarios más conservadores decepcionados al ver las cuestiones constitucionales resueltas por el populacho, comenzaron a desaparecer de la Asamblea. Los que quisieron seguir adelante, y fueron muchos, empezaron a organizarse en clubs. El más importante de todos fue la Sociedad de Amigos de la Constitución, comúnmente llamado el Club Jacobino, porque se reunían en un viejo monasterio jacobino de París. Las cuotas eran tan altas al principio, que solamente los grandes burgueses pertenecían a él.

 

Cine

– La Pimpinela Escarlata

 

– La Marsellesa

 

 

Anuncios