La División Azul española fue la 250ª División de Infantería de las fuerzas armadas alemanas que luchó en el frente del Este. La formaron unos 45.500 hombres, de corte mayoritariamente falangista al principio (voluntariado azul) y militar al final (“caquis” obligados).

Ésta División surgió como pago humano que se hubo de hacer a Alemania por la ayuda prestada a Franco, aunque no sería un pago equilibrado, pues España dejó en suelo ruso a 5.000 hombres, cuando Alemania había perdido en la península a poco más de 300.

El ataque alemán a la URSS se desencadenó en la madrugada del 22 de junio de 1941: 119 divisiones de infantería, 19 acorazadas y 15 motorizadas (3.050.000 hombres en total), con la ayuda de 18 divisiones finlandesas y 12 rumanas, embistieron las posiciones soviéticas a lo largo de un frente de 2.400 kilómetros, desde el océano Ártico hasta el mar Negro.

El Ministro español de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer, informó a Franco, su cuñado, y le planteó la posibilidad de contribuir a la lucha alemana con un contingente falangista voluntario.

El reclutamiento de voluntarios para la División Azul fue rápido y masivo. Tras diez días de concentración, los voluntarios marcharon a Alemania a mediados de julio. Se concentraron en la localidad bávara de Grafenwörhr donde tuvieron un intenso programa de entrenamiento durante algo más de un mes.

El viaje hacía Rusia fue muy duro. Necesitaron 53 días, hasta mediados de octubre, para llegar al frente. La primera parte del viaje la hicieron en tren, pero desde Suwalki (Polonia) hasta las proximidades de Moscú lo hicieron a pie (casi 900 kilómetros). Se impuso un ritmo de entre 30 y 40 kilómetros diarios en jornadas de sieto u ocho horas.

Cuando la División Azul transitaba ya por la autopista que la conducía a Smolensko, Muñoz Grandes recibió la inesperada orden de virar. En lugar de dirigirse a Moscú, debía hacerlo hacia el norte, hacia Novgorod. Era una decisión de Hitler ante la necesidad de refuerzos en la zona y ante los malos y prejuiciosos informes alemanes sobre los españoles. La unidad mantenía una ambigua relación con sus colegas alemanes, cuyo “orgullo racial” y concepto del orden dificultaban la interacción con personas de ámbito mediterráneo, más propensas al individualismo y la improvisación. Durante la marcha, en la ciudad de Grodno, los divisionarios confranternizaron con las muchachas judías, para disgusto de los alemanes. Cantaban, iban con los primeros botones de la guerrera desabrochados y se relacionaban con los residentes, al margen de credos y prejuicios raciales. Sus tratos con los civiles rusos generalmente fueron sencillos y amables, afectuosos incluso (por no hablar de los muchos idilios de divisionarios con rusas).

Pero una vez en el frente, los españoles se ganarían la confianza de los alemanes por su manera de entender el combate, sin concesiones a los reveses (lo reconoció Hitler ante los suyos, en privado, y ante los micrófonos de la radio). Y cuando se cambiaran las tornas para los invasores, sabrían resistir e improvisar. La reconciliación hispano-alemana de manos de la lucha lo sería hasta tal punto que, tras su repatriación, la “Blaue Division” se echaría en falta.

El momento del combate llegó en la zona del río Voljov, en torno a la ciudad de Novgorod. El avance español, que empezó con el cruce del río y la toma de diversas localidades, duró unos días y alcanzó Posselok, Otenski y Possad. Pero la reacción soviética obligó a los divisionarios a una dura lucha en el invierno de 1941 y 1942 que fue el más frío de cuantos se habían vivido en lo que se llevaba de siglo.

Río Voljov y ciudad de Novgorod

Al finalizar el año, los muertos de la División Azul ascendían ya a 1.400, en tanto que los alemanes se acercaban a 250.000. Moscú no había sido tomada y Leningrado resistía. En enero de 1942, una operación que requería cruzar el helado lago Ilmen supuso más de un 90% de bajas en un equipo de unos doscientos soldados. La división siguió en la zona hasta finales de agosto, cuando fueron trasladados a Kolpino. A principios de 1943, un ataque soviético en Krasny Bor, otra barriada de Lenningrado, provocó 2.252 bajas entre los españoles en un solo día (de ellas, 1.125 fueron muertos), casi el 25% de las habidas en dos años.

En octubre la División Azul abandonaba el frente de combate. Sin embargo, quedó allí una Legión Azul como una especie de parche del régimen de Franco para justificar ante Alemania la retirada de la División Azul. Sólo vivió un mes en el frente. A finales de febrero, Hitler decidío su repatriación. Acabada también la Legión Azul, quedaron aún al lado de Alemania unos cientos de combatientes españoles, pero ya no como unidad oficial, sino como voluntarios que luchaban clandestinamente, pues el régimen abominó de ellos. La causa aliada se imponía de forma clara a un Eje en paulatina descomposición. Franco cambió de rumbo: la de congraciarse con los aliados. Y ello hasta el extremo de olvidarse a varios cientos de divisionarios en el presidio soviético durante más de 10 años (entre 1941 y 1954). Éstos llegaron el viernes 2 de abril de 1954 al puerto de Barcelona a bordo del buque Semíramis, entre el fervor de muchos y la ausencia de Franco.

Anuncios