En 1938, un grupo de científicos del entorno nazi se adentraron en el Tíbet. Pretendían encontrar en las cumbres del Himalaya los orígenes de la raza aria.

La concepción racial del nazismo creció alrededor de las teorías del ocultismo, que acabaron por tener una enorme trascendencia. Numerosos dirigentes nazis que pertenecieron a sociedades secretas y se alimentaban de la militancia esotérica, dieron soporte a creencias poco o nada fundadas.

Una de ellas decía, ya desde el siglo XIX, que las raíces ancestrales del pueblo germánico se hundían en el Asia Central. Cuando los nazis alcanzaron el poder, fueron a buscarlas.

Heinrich Himmler, el número dos del régimen nazi y jefe de las SS, fue el auténtico líder político de la expedición al Tíbet de 1938-39. Defendió las teorías sobre la supuesta supremacía racial alemana.

 

Heinrich Himmler

El perfil de Himmler se define por sus obsesiones intelectuales, entre las que se encontraban la astronomía germánica, la heráldica, el espiritismo, la Atlántida y las culturas de la India y de Oriente. También se acercó a la célebre Sociedad Thule, uno de los grupos ocultistas que renacieron tras la Primera Guerra Mundial en Alemania, con el descontento de la derrota.

Himmler fundó en 1935 la sociedad pseudocientífica Ahnenerbe que impulsaba investigaciones que dieran base científica a la ideología nazi y a las teorías sobre el origen de la raza aria y su supremacía. Una de sus investigaciones se basó en hallar los orígenes de la raza superior. Desde Alemania salieron, en busca de rasgos o vestigios de ella, diversas campañas de arqueólogos, que viajaron a distintos rincones del mundo. La expedición Alemana al Tíbet, emprendida en 1938, fue la más ambiciosa de todas.

 

Expedición de Ernst Schäfer en Lhasa, capital del Tíbet, 1938

Schäfer ya había participado anteriormente en dos expediciones internacionales al Himalaya donde colaboró estrechamente con los norteamericanos. En su regreso, publicó varios trabajos. Cuando Himmler supo de los éxitos de éste joven científico, le expuso la idea de una expedición exclusivamente alemana.

Himmler estava convencido de que en algún lugar del Himalaya encontraría vestigios de la raza aria. Con esa idea, indicó a Schäfer que se pusiera rápidamente a trabajar con la Ahnenerbe. Schäfer compartía teorías e ideas con la Alemania nazi, como que la génesis de la raza nórdica procedía de Asia Central (tesis también vigente en otros países) y la necesidad de encontrar semillas resistentes y fecundas, capaces de dar de comer a una Alemania de potente industria militar pero con una deficiente producción de alimentos.

Los integrantes de la expedición alemana eran excelentes científicos. Su trabajo, si obviamos su errática base teórica, se basó en observaciones empíricas. Todos se movieron por ambición profesional, aunque también se habían convertido en oficiales de la SS por elección personal.

Embarcaron hacia la India británica y, desde allí se les prohibió pasar al Tibet. En Sikkim realizaron sus primeras mediciones de cráneos con el calibrador y las primeras máscaras de yeso.

Pasaron al Tíbet a escondidas y, una vez allí recibieron una invitación formal por el consejo de ministros del Tíbet. Al llegar a Gyantse, la tercera ciudad del Tíbet, observaron muchas cruces gamadas dibujadas en las paredes de las casas. Allí este signo se llamaba yungdrung, y se dibujaba tanto en el sentido de las agujas del reloj como en el contrario.

Schäfer mostró a los tibetanos sus cruces gamadas, muy parecidas, para buscar la complicidad con ellos. En cambio, tenían allí una guarnición y les prohibieron el uso de instrumental científico. Más tarde deciden emprender el viaje hacia Lhasa, la ciudad prohibida que tan pocos occidentales habían pisado, a la vez que capital tibetana.

La expedición se completó con éxito donde recopilaron gran cantidad de plantas y mariposas, pieles de animales, más de 40.000 fotografías, 18.000 metros de película, 2.000 objetos culturales, mediciones, etc. En cambio, el estudio de la raza aria no salió bien parado. Cuando Berger publicó su artículo sobre las razas del Tíbet, se convirtió en un fracaso no confesado. En su estudio, Beger trataba de vincular a algunos tibetanos con un grupo “európido” más antiguo. Lejos de llegar a ninguna conclusión sólida, el trabajo del antropólogo en realidad era más bien una descripción de la diversidad étnica del Tíbet y de la India.

A su regreso no pudo dar la explicación que le habría gustado contar a sus superiores y a sus profesores de universidad.

En 1942, Schäfer montó un documental llamado Geheimnis (El secreto del Tíbet) con todo el material de la expedición. El montaje original puede verse online aquí