La catedral de Winchester es una de las catedrales más grandes de Inglaterra.  Unas dimensiones que, en conjunto, la convierte en la de mayor longitud de todas las catedrales góticas europeas. Winchester está en el condado de Hampshire, en el extremo sur de Inglaterra. La ciudad cuenta con unos 35.000 habitantes.

 

 

 

 

Su construcción se inició en el siglo XI y finalizó en el XVI. La construcción se llevó a cabo en un paisaje verde junto a un río, un error desde el punto de vista estructural. Fue el obispo William Walkelin quien persuadió al rey Guillermo para que se utilizara la madera de la selva real de Hempage, para proporcionar una base firme sobre la tierra pantanosa sobre la que se construiría la catedral. Sobre la madera se depositó piedra caliza.

Pero con el paso de los años, el suelo se iba comprimiendo y cedia bajo el peso de los muros. La torre central cayó en 1.107, y se iban abriendo grietas y se producían desprendimientos.

A principios del siglo XX un equipo de arquitectos constató que los cimientos se iban desprendiendo. Optaron por apuntalar el edificio y sustituir los cimientos por hormigón y ladrillo. Los trabajos empezaron en 1.905 donde perforaron el suelo, decidieron extraer los troncos y la grava y sustituirlos por hormigón. Un año después, desistieron del proyecto y pensaron que la única táctica para salvar el edificio era bajar el hormigón y los ladrillos hasta los cimientos a través de un buzo.

Así hicieron, se pusieron en contacto con la empresa británica Siebe Gorman & Co. que se hacían llamar “ingenieros submarinos”. Contrataron a dos de ellos para trabajar en la catedral, aunque enseguida se prescindió de uno. El que quedó fue William Walker de 36 años. Él solo apuntaló todo el edificio con 25.000 sacos de cemento, 115.000 bloques de hormigón y 900.000 ladrillos. Trabajó desde 1906 hasta 1911 en turnos de 6 horas durante cinco días a la semana. El fin de semana se iba a Croydon en bicicleta que estaba a 240 kilómetros.

Walker se convirtió en el submarinista más famoso de Inglaterra. Su gesta se publicó en todos los periódicos como: el buceador que había salvado la catedral de Winchester. Fue tal el agradecimiento, que existen numerosas estatuas de él en los alrededores de la catedral. Incluso en las oraciones de cada día se representa una acción de gracias por el importante trabajo de este buzo. Poco después, Jorge V le nombró miembro de la Real Orden Victoriana. Murió en 1918 durante la epidemia de la gripe española.