Albéniz fue un compositor de música de finales del siglo XIX. Nació en Camprodon (Girona) en 1860. Fue el cuarto hijo y único varón de un aduanero vasco y una catalana.

Ángel Albeniz, su padre, dirigió con firmeza el talento de su hijo. Según su biógrafo Walter Aaron Clark, vivió desde niño la presiones de un padre demasiado exigente, lo que tal vez provocó su empeño en demostrar su valía y obtener el reconocimiento que creía merecer. Ésta es la razón por la que narraba sus experiencias como algo fenomenal. “Yo he nacido para cosas extraordinarias”, decía en su diario. Para idealizar su genialidad, el compositor mezcló episodios auténticos con otros inventados.

De niño conoció las diversas culturas españolas -de las que la andaluza le cautivó especialmente-, a raíz de los constantes cambios de residencia que exigia la profesión de su padre. Su inquietud le llevó a recorrer desde joven buena parte del continente. Fue un auténtico autodidácta. Su educación no solamente giró en torno al aprendizaje musical, sino que se labró una amplia cultura y aprendió cuatro idiomas. Dio su primer concierto a los cuatro años y compuso su primera obra a los ocho. Alternó sus conciertos con su formación en Madrid, París, Leipzig, Budapest, Bruselas y Barcelona.

En 1882 se casa con una alumna suya de piano, Rosina Jordana, con la que tendrá cuatro hijos. Laura, la benjamina, será su secretaria, así como una reputada artista.

Ocho años después de casarse se instala en Londres donde compuso la ópera The Magic Opal (La sortija) y la zarzuela San Antonio de la Florida. Ambas obras fueron mal recibidas en España ya que, los críticos de la península nunca vieron con buenos ojos que Albéniz residiera en el extranjero, ni la influencia que la música europea ejercía en su obra.

En 1893 se instaló en París y firmó un contrato con un banquero y poeta inglés que, pronto se convirtieron en grandes amigos.

Aficionado en exceso desde joven al tabaco y la buena mesa, su salud se agravó con una nefritis crónica que le llevaría a la muerte a la temprana edad de 49 años. Murió en 1909 en Cambo-les-Bains (Francia) y, está enterrado en el cementerio de Montjuic (Barcelona).

Antes de morir, entre 1905 y 1908 dedicó toda su energía a su obra maestra, Iberia. Formada por doce piezas, esta suite para piano recoge sonidos muy enraizados en la cultura española (el cante jondo, las sevillanas, el pasodoble, la jota), así como las influencias europeas del compositor. Por su complejidad, resulta muy difícil de interpretar incluso por manos expertas.

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